ALTERNATIVAS DE INTENSIFICACIÓN EN ARGENTINA (I de III)

30.07.2010

En los últimos años se han producido cambios importantes en las condiciones de producción de leche en nuestro país que tienden a aumentar significativamente los costos. Estas nuevas condiciones exigen a las empresas lecheras nuevos objetivos. El costo de oportunidad de la tierra es el de mayor impacto actual en los costos de producción, por lo que resulta fundamental aumentar la productividad por unidad de superficie con el objetivo de diluir su incidencia en el valor total de cada litro de leche producido.

El nivel de producción de forrajes por hectárea, pero especialmente los ajustes de carga, han resultado ser las estrategias más efectivas para lograr este objetivo. El nivel de producción individual es, evidentemente, un factor de suma importancia y mejorable, pero tiene un impacto menor si se consideran las cargas y el nivel de producción individual que caracterizan a este tipo de empresas.

Una de las fortalezas de los sistemas de producción basados en forrajes, sería el bajo costo relativo del forraje fresco producido, que luego es cosechado directamente por los animales. Para calcular el costo por kilo de materia seca consumida, deberíamos considerar la productividad de forraje de un cultivo en particular, su eficiencia de cosecha y los costos de implantación y mantenimiento a lo largo de la vida útil de la pastura.

El costo final de cada kilo de materia seca cosechado está fuertemente influenciado por la productividad de ese recurso (cuadro 1). Las diferencias agroecológicas entre las distintas cuencas lecheras de la Argentina determinan niveles de productividad absolutamente diferentes para los recursos normalmente utilizados.

 

Si tomamos como ejemplo la productividad lograda en los últimos años en el CREA 9 de Julio con pasturas coasociadas de alfalfa, cebadilla, pasto ovillo t trébol blanco, las producciones medias de forraje han sido de 7250 kilos de MS/ha/año, con una eficiencia de cosecha del 63%, donde la cantidad de materia seca finalmente consumida fue de 4568 kg/ha. De esta manera, el costo de cada kilo de pastura consumida sería de 10,7 centavos por kilo de materia seca cosechada.

En estos mismos campos, los rindes medios de maíz para silaje han sido de 50.000 kilos de materia verde por hectárea (16.000 kg de MS/ha). Asumiendo un desperdicio del 20% (por fermentación, carga y distribución), el costo por kilo consumido es de 13,9 centavos por kilo de materia seca. En otras palabras, el costo de producción de cada kilo de silaje de maíz es un 23% mayor al costo de producción por kilo de pastura cosechada.

Sin embargo, cuando cargamos a estos costos un alquiler (o valor de oportunidad de la tierra) de 14 quintales de soja por hectárea, cada kilo de pastura cosechada pasa a costar 34,5 centavos, mientras que sólo aumenta a 22,3 centavos en el caso de silaje, debido a que el alquiler se diluye en más del doble de materia seca finalmente aprovechada.

Si, en cambio, consideramos un valor de oportunidad de la tierra de 19 quintales de soja, el costo de cada kilo de pastura es, entonces, de 48,3 centavos vs 27,1 para el caso del silaje de maíz. En definitiva, cada kilo de pastura cosechada cuesta un 78% más que cada kilo de silaje de maíz aprovechado.

Evidentemente, esta relación de precios es sumamente sensible a la productividad de cada recurso, por lo que la relación de precios puede ser altamente variable en otras zonas donde la productividad de las pasturas resulte superior y donde los rindes de maíz para silaje sean mucho más variables.

Un ejemplo de ello se obtiene al hacer el mismo análisis considerando la producción de materia seca por hectárea para pasturas de alfalfa y los rindes de maíz para silaje alcanzados en la zona de Rafaela.

En este caso, las productividades de alfalfa logradas durante los últimos cinco años promedian los 12.000 kilos de materia seca, con eficiencias de cosecha del 65%, por lo que anualmente se recogen 7800 kilos de materia seca por hectárea. Asumiendo los mismos costos de producción, el costo de cada kilo de materia seca cosechada se reduciría a 60,09 centavos. Debido a la menor producción (y mayor variabilidad), el costo de cada kilo de silaje de maíz realmente utilizado (considerando desperdicios del 20%) es de 19,3 centavos. En este caso, al cargar un valor de oportunidad de la tierra de 14 quintales, el costo por kilo de materia seca de pastura cosechada es de sólo 19,9 centavos, mientras que el precio asciende a 31 centavos para el caso del silaje de maíz. Si en lugar de 14 quintales, el costo de oportunidad fuera de 19 quintales, las diferencias se mantendrían (27,8 vs 37,7 centavos por kilo de materia seca aprovechada).

Al intensificar un sistema de producción en el que se reemplaza progresivamente el forraje de pastoreo por silaje, se apunta fundamentalmente a aumentar la carga, liberar hectáreas y/o aumentar la producción de leche por unidad de superficie con el objetivo de diluir costos fijos. Sin embargo, como se deduce del análisis anterior, estas ventajas relativas pueden ser diferentes según la zona considerada.

Evidentemente, existen claras posibilidades de aumentar la productividad, mejorar la eficiencia de cosecha y de conversión alimenticia de pasturas y verdeos en los sistemas actuales. El permanente progreso en tecnología de insumos y de procesos alimenta estas expectativas. Sin embargo, este proceso se manifiesta con mayor intensidad en los cultivos agrícolas que, potencialmente, pueden transformarse en forrajes conservados para la producción animal. La mayor productividad de materia seca por hectárea de los cultivos agrícolas permite aumentar significativamente los kilos de materia seca cosechada por unidad de superficie y, consecuentemente, diluir el costo de oportunidad de la tierra, lo que termina reduciendo el valor de cada kilo de materia seca producido.

Con el objetivo de dimensionar el impacto que estos planteos pueden alcanzar potencialmente en términos de productividad, a continuación se detallan las características de un establecimiento de la zona de 9 de Julio, que obtiene una eficiencia promedio similar a la lograda por el tercio superior de los tambos del Movimiento CREA, de acuerdo con los datos publicados por Snyder en el año 2007. Este sistema, que se podría definir como un sistema tradicional (ST) intensificado de buenos resultados, se compara con las características de un sistema con mayor grado de intensificación llamado, en este caso, de encierre rotativo (ER).

Para realizar la evaluación, se tomaron los precios de insumos actualizados a marzo del corriente año, puestos en el campo. Al mismo tiempo, y en aras de simplificar la información, se ha asumido que el sistema de crianza hasta los 200 kilos es igual para ambos sistemas; por lo tanto, no se lo incluye en la comparación. Tanto el tambo tradicional, como la simulación de encierre rotativo mantienen la misma eficiencia en los parámetros vacas muertas, natimortos, descartes, datos reproductivos, abortos y pérdidas hasta el parto. El establecimiento tipo con esa combinación de factores (muy buenos en promedio) alcanza un crecimiento anual del 9,9%, que aporta una parte importante del margen bruto por hectárea.


José Dillon – Veterinario, UBA. Asesor privado

Juan M. Grigera – veterinario, UBA. Consultor de empresas. Asesor privado

Gentileza Editorial Inforcampo