ALTERNATIVAS DE INTENSIFICACIÓN EN ARGENTINA (II de III)

30.07.2010

Caracterización de los sistemas

La empresa cuenta con una superficie total de 640 hectáreas sobre las cuales se imputa un costo de oportunidad de la tierra de 19 quintales de soja (es el valor actual para campos agrícolas en la zona de 9 de Julio). De esta superficie, se utilizan 340 hectáreas con 500 vacas de ordeñe, a las que se suman 50 hectáreas para un promedio de 50 vacas secas y 50 vacas y vaquillonas preparto. Además, se utilizan 250 hectáreas destinadas a recriar unas 348 vaquillonas de más de 200 kilos de peso vivo. Otras 120 terneras de menos de 200 kilos se recrían, en gran parte, encerradas en una superficie de 1,5 hectáreas (cuadro 2 y 3)

 

 

En el sistema tradicional (ST), el 60% de la superficie del área tambo se cultiva con pasturas de festuca y trébol rojo y también con cebadilla, pasto ovillo, alfalfa y trébol blanco. Anualmente, el 20% del área tambo se implanta con praderas de este tipo. Durante el verano, el 50% de esa superficie se cultiva con maíz para silaje y el 50% restante, con soja de pastoreo. El 80% de la superficie de recría se cultiva con el mismo tipo de pasturas utilizadas en el tambo. Anualmente el 20% restante se cultiva con soja de cosecha y luego se implanta con praderas. El total de forraje producido y aprovechado por los animales bajo este sistema es de 7,5 toneladas anuales.

El sistema de encierre rotativo (ER) requiere una superficie de sólo 200 hectáreas totales. El 37,5% de esa superficie (75 hectáreas) debe cultivarse con praderas de festuca con o sin trébol blanco; sobre los 62,5% restantes (125 hectáreas), se cultiva silaje de invierno (cebada, trigo etc.) seguido de maíz de segunda o sorgo para silaje.

Las 75 hectáreas de pradera no aportan forrajes; su objetivo es el de proporcionar un ambiente limpio y seco que ofrezca razonables condiciones de confort y evite las clásicas situaciones de barro que caracterizan nuestros encierres cuando no se cuenta con las instalaciones apropiadas. Si bien la superficie implantada con praderas es de 75 hectáreas, sólo se utilizan 50, ya que durante el primer semestre del año no se cuenta con las 25 hectáreas implantadas, y durante el segundo tampoco deberían contabilizarse las 25 hectáreas de praderas de tercer año que salen de la rotación de la pradera y entran en cultivos agrícolas para silo. La carga efectiva sobre esta superficie de praderas es de 10 vacas por hectárea (500 V0/50 ha), ya que las vacas secas y preparto se encuentran en corrales que ocupan 1,5 hectáreas.

Sobre la festuca se presupuesta una rotación media de 33 días, por lo que la asignación diaria de superficie sería de 1,5 ha (50 ha/33 días). De esta manera, la superficie diaria por vaca total sería de 30 metros cuadrados.

En este esquema, las recrías se mantienen, tal como se señaló, encerradas en corrales fijos amplios de 50 metros cuadrados por vaquillona, con un 40% más de superficie destinada a utilizarse como corrales alternativos (2,5 ha). También se presupuestan 100 metros cuadrados por cada vaca seca y cada vaca preparto, considerando, además, otro 40% como corrales alternativos para rotaciones en condiciones de barro (1,5 hectáreas; estos metros cuadrados necesarios variarán en más o en menos según el tipo de suelo y las pendientes naturales).

En este sistema, la producción de forraje es de 17,6 toneladas anuales, pero al computar las hectáreas de pradera (no como alimento sino como un gran corral), el aporte promedio es de 11 toneladas anuales. Esto quiere decir que en el encierre rotativo cada hectárea en uso produce un 47% más de alimento (11 vs 7,5).

La forma y el lugar en el que se ofrecen los alimentos son diferentes según la estructura de cada empresa, y deben analizarse in situ, tal como ocurre con el acondicionamiento de caminos con doble circulación para mixer y vacas.

La composición de las dietas es diferente en ambos sistemas. Para este ejemplo, la base de alimentación está compuesta por un 37,5% de silos de trigo y maíz de segunda, un 12,5% de heno y un 50% proveniente de concentrados basados en maíz, pellet de soja, semilla de algodón, afrechillo de trigo y minerales, aunque también pueden usarse otros recursos.

La dieta para vaquillonas en recría con más de 200 kilos de peso vivo y hasta 30 días antes del parto está compuesta por un 80% de silajes y 20% de concentrados proteicos y minerales. Todo en kilos tal cual.

En el esquema tradicional (establecimiento tipo de la zona de 9 de Julio), la producción media por vaca y por día es de 22,4 litros con un 3,55% de grasa butirosa y un 3,35% de proteína bruta. La carga es de 1,54 VT/ha VT. En el esquema de encierre rotativo la producción media prevista es de 27 litros VO/día con la misma composición en términos de grasa y proteína, pero con una carga de 3,66 VT, ya que usan 75 hectáreas de pradera y 89 hectáreas de cultivos agrícolas.

Además de la importancia de asignar 30 metros cuadrados por vaca y por día para un mayor confort del animal, a diferencia de lo que sucede en los corrales fijos a cielo abierto, este sistema permite distribuir prácticamente a costo cero una gran cantidad de nutrientes provenientes de las deyecciones de las vacas.

Considerando el tipo de dietas antes mencionado y los minerales aportados por un agua de bebida de calidad promedio, el retorno de nutrientes a través de la materia fecal y la orina por hectárea y por año es el detallado en el cuadro siguiente. Se asume que el 70% del total de heces y orina es depositado sobre las parcelas diarias en la pradera, y el 30% restante, en calles y corrales. A su vez, se considera que el 80% del nitrógeno proveniente de la orina se pierde por volatilización.

Esta densidad de nutrientes que retorna a través de la materia fecal y la orina equivale a un nivel de fertilización por hectárea y por año como el que se detalla en los cuadros 4 y 5.

 

 


Semejante nivel de aporte de nutrientes y de materia seca, retroalimenta al sistema en forma muy conveniente. Por un lado, repone una parte importante de la materia seca extraída de los cultivos agrícolas al ser destinados a silo en vez de agricultura (materia seca de los rastrojos). Cada vaca elimina 2600 kilos de materia seca por año a través de sus deyecciones. Por otro lado, aporta una alta cantidad de nutrientes que mejoran la fertilidad del suelo y la retención de humedad. Simultáneamente, se disminuye la contaminación que produce la gran acumulación de deyecciones en los corrales fijos.

En los cuadros 6 al 13 se detalla el resultado económico del tambo con el esquema tradicional y la simulación realizada sobre un sistema de encierre rotativo. Como puede verse, si bien en este último el costo de alimentación es marcadamente superior –producto del mayor y más costoso uso de los concentrados- su mayor nivel de facturación determina que el saldo neto sin tierra sea similar en los dos sistemas. Sin embargo, al considerar el costo de oportunidad de la tierra, el saldo neto es un 62% mayor en el esquema de encierre rotativo, producto de la reducción en la superficie destinada al tambo, que libera 440 hectáreas con un valor de oportunidad de 685.520 pesos (217.625 u$s). Este dato en sí mismo es el que conduce a la evaluación y factibilidad del sistema en análisis.



 

Si se analizan los resultados económicos por hectárea, podrá observarse la diferencia porcentual de los gastos directos con y sin tierra. Como resultado, el margen bruto por hectárea pasa de ser tres veces superior sin computar la tierra (7170 pesos vs 2300) a ser 7,5 veces superior cuando aquella es computada (5613 pesos vs 740).

Cuando evaluamos el resultado por vaca total, éste resulta 2,4 veces superior en el encierre rotativo frente al tradicional. Sólo se produce una pequeña mejora a favor de este último de tan sólo 28 pesos por vaca total, debido a las 50 hectáreas de soja de cosecha que se siembran en el área de recría durante la rotación de praderas.

Al analizar el valor por litro de leche producido, nuevamente el costo directo, sin considerar el de oportunidad de la tierra, es mayor para el sistema más intensificado; pero si se incluye la tierra, el resultado final por litro producido es inferior (0,67 vs 0,78 ctvs/litro) mejorando el margen bruto del litro en un 90%.

Si se evalúa el retorno por peso invertido, nuevamente la mayor productividad por hectárea permite diluir en mayor medida el capital tierra, lo que posibilita alcanzar un mejor resultado (0,16 vs 0,07 pesos por peso invertido). Debemos aclarar que el capital por hectárea, además de un mayor gasto en personal (+60.000 $/año) y de mantenimiento de caminos (+13.000 pesos), hay que agregarle, a valor nuevo, otro tractor con pala, un mixer con balanza y una moledora de rollos ($ + 180.000).

Para ofrecer un punto de comparación, se cotejan estos datos con los valores promedio de agricultura de la zona en mayo 2008.

También es cierto que la elasticidad del negocio, principalmente en los escenarios en los que estamos acostumbrados a vivir, debe ser un objetivo de consideración permanente.  Evidentemente, y esto no escapa a las reglas de los sistemas intensificados, la relación ingreso / gasto disminuye (ST=1,67 vs ER=1,48), pero la relación se invierte si se tiene en cuenta la tierra (ST=1,15 vs ER=1,34).

Estos sistemas más intensificados son sensibles a las variaciones en la relación de precio insumo/producto igual que los sistemas intensivos bajo pastoreo que han aumentado de forma importante el uso de granos y reservas forrajeras como herramienta para alcanzar mayor productividad. Sin embargo, en estos modelos, debido a su mayor rendimiento y, consecuentemente, a su mayor capacidad para diluir el costo de oportunidad de la tierra, la rentabilidad se ve menos afectada cuando aumenta el valor de los concentrados. En otras palabras, son sistemas más estables siempre que sean correctamente gestionados. Al mismo tiempo, si se diversifica en agricultura, las hectáreas liberadas no sólo fortalecen a la empresa, sino que pueden aportar elasticidad como fuente de forraje extra (si por factores climáticos disminuye la producción de las hectáreas del tambo) o como fuente de granos propios (18 meses de todas las necesidades de grano).

Si se simula el impacto de un aumento del 20% en el costo de los concentrados dentro del sistema de encierre rotativo, se aprecia que este aumento provoca una caída del margen bruto por hectárea del 32%, mientras que en el tradicional, la caída es del 44%. Por su parte, el MB/VT cae un 35% en el encierre rotativo frente a un 44% en el tradicional. De igual forma, el margen bruto por litro de leche cae un 29% frente a un 50%, si se compara el encierre rotativo con el tradicional, respectivamente. También la relación de retorno por peso invertido cae en un 31% en el encierre rotativo vs  un 43% en el tradicional.

Luego, si a ese aumento en el precio de los concentrados, le sigue un aumento del 11% en el precio del litro de leche, la ventaja del encierre rotativo frente al tradicional es de un 525% más en margen bruto por hectárea; un 16,5% más en la relación ingreso/gasto; un 176% en margen bruto por VT; un 75% en margen bruto por litro y un 77% en retorno por peso invertido.

 

José Dillon – Veterinario, UBA. Asesor privado

Juan M. Grigera – veterinario, UBA. Consultor de empresas. Asesor privado

Gentileza Editorial Inforcampo